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sábado, 1 de junio de 2013

La teoría piagetiana del pensamiento formal



El desarrollo cognitivo en la adolescencia y la juventud y las operaciones formales:

Inhelder y Piaget (1955) publicaron una obra que sigue siendo una de las caracterizaciones más precisas del desarrollo cognitivo durante la adolescencia, la cual tenía dos objetivos fundamentales:

a) Mostrar clara y experimentalmente las diferencias cualitativas entre el funcionamiento intelectual del niño y el del adolescente.
b) Insistir en que ese modo de funcionamiento intelectual era formalizable mediante la lógica bivalente de proposiciones.

Consistía, simplemente, en plantear a sujetos de 5 a 16 años quince situaciones de tipo físico-matemático, para observar, registrar y describir sus explicaciones y soluciones. Las tareas o problemas eran, casi todos ellos, situaciones típicas de la física newtoniana, es decir, la explicación del mecanismo de una balanza, la determinación de los factores que influyen en la oscilación de un péndulo, la explicación de la flotación de los cuerpos, los vasos comunicantes y otros artefactos parecidos. En ningún caso se les pedía a los sujetos las razones físicas, o científicas en general, que explicara la tarea, sino que simplemente, se utilizaba dicha tarea para determinar si el sujeto poseía una determinada habilidad o estrategia.

Características funcionales del pensamiento formal:
a) Lo real es concebido como un subconjunto de lo posible:
El niño que se encuentra en este estadio anterior-operaciones concretas- sólo es capaz de pensar sobre los elementos de un problema tal y como los tiene delante de sí.
b) Carácter hipotético-deductivo:
Los sujetos de este estadio no sólo formulan o conciben hipótesis o explicaciones posibles de los problemas, sino que también los pueden manejar y seleccionar al comprobarlos sistemáticamente y someter los resultados a las pruebas de un análisis deductivo.
c) Carácter proposicional:
Los sujetos de este estadio expresan las hipótesis que antes comentábamos mediante afirmaciones o enunciados que los representan. Pero además de expresarlas, razonan sobre ellas de una forma deductiva, ya sea que las sometan a un análisis lógico en el que utilizan la disyunción, la implicación, la exclusión y otras operaciones lógicas.

Los trabajos posteriores a la obra de Inhelder y Piaget refieren las edades a las que se adquiere el pensamiento formal, sin embargo este ha sido tradicionalmente un punto conflictivo dado que en los diferentes estudios alrededor de la mitad de los sujetos entrevistados no alcanzaban a resolver plenamente las tareas formales.

Para la mayoría de investigadores el problema no es de actuación o competencia de los sujetos, sino de dificultades relacionadas con la naturaleza de las tareas demandadas, el estilo cognitivo de los sujetos y las características sociales y culturales.

Los investigadores sostienen que el pensamiento formal no es una estructura de conjunto, ni un conglomerado de tareas sin relación entre sí. Fuera de ello, la resolución de las tareas formales pareciera estar supeditadas a la forma en que son presentadas y a la cantidad de información que contengan.

Se analiza también la familiaridad que los sujetos tienen con la tarea para la correcta resolución de ella.

Por otro lado, las diferencias individuales indican una clara relación entre la dependencia-independencia de campo y la solución de tareas formales, los sujetos independientes de campo lograrán mayor autonomía y facilidad en la resolución de diversas tareas formales.

El papel del lenguaje en la adquisición del pensamiento formal está en relación para varios investigadores con el grado de madurez sintáctica de expresión y el pensamiento formal de los sujetos.

Finalmente, las influencias de carácter social también van a repercutir en la adquisición de las operaciones formales, un cierto nivel educativo se vuelve necesario para manejar con soltura el pensamiento formal, por lo que resultan razonables los resultados que aportan las investigaciones transversales.

Es necesaria la investigación continua en el área, a fin de aportar un esquema cada vez más completo y cercano al pensamiento adolescente y la adquisición de destrezas analíticas mayores.

Como educadores es imprescindible mantenerse al tanto de estas investigaciones, pues en la medida en que el docente pueda interpretar parte del funcionamiento del desarrollo cognitivo en los adolescentes, podrá interactuar con mayor éxito en las clases con sus alumnos y participar activamente en el entorno escolar que circunda al alumno, proponiendo soluciones contextualizadas y que tengan conocimiento de causa en la realidad que afrontan nuestros alumnos al llegar a las aulas.

FALA

miércoles, 10 de abril de 2013

Antecedentes de la definición de inteligencia



El ideal de la persona inteligente varía en función del contexto. En el mundo académico se considera inteligente alguien que domina la lógica y la lingüística, mientras que en el mundo empresarial es alguien con capacidad de interactuar con las personas para lograr beneficios económicos.

En el contexto político, los que se desvían de las normas aceptadas de la psicología no obtienen el poder de validación psicológica y educativa tan necesario en cualquier intento de conseguir movilidad socioeconómica y posición social en las sociedades occidentales contemporáneas. (Kincheloe, 2004).

El sistema educativo a menudo se basa en prejuicios que identifican la diferencia de capacidades como una deficiencia, por lo que una reconceptualización de la psicología educativa hace que los educadores aprendan modelos alternativos de desarrollo cognitivo a partir de estudiantes rechazados antes por considerarse incapaces.

Durante el transcurso de los años, se ha intentado estandarizar pruebas para medir la inteligencia y con frecuencia, la inteligencia se define operacionalmente como el rendimiento personal en los test de cociente de inteligencia (CI), no como logros únicos y creativos de lo que se es capaz en diversos lugares y contextos. (Kincheloe, 2004)

El honor de haber creado la primera prueba de inteligencia se suele otorgar a Alfred Binet, psicólogo francés que desarrolló junto con Theodore Simon pruebas que ayudaran a predecir qué niños corrían riesgo de fracaso escolar. Posteriormente, en 1912, el psicólogo alemán Wilhelm Stern propuso medir lo que él mismo llamó “cociente de inteligencia”, la proporción entre la edad mental de una persona y su edad cronológica.

En 1994, Herrnstein y Murray publicaron The Bell Curve, realizado tiempo atrás a su publicación, donde proponen que la mejor forma de concebir la inteligencia es como una sola propiedad que se distribuye entre la población general siguiendo una distribución normal. Además, los autores presentaban pruebas de que la inteligencia depende de las contribuciones genéticas de los padres biológicos de cada persona, y que los sujetos con una inteligencia baja tienen más posibilidades de presentar patologías sociales indeseables.

Entonces, según Gardner, el razonamiento de los autores conduce a que “la patología social se debe a una inteligencia baja y la inteligencia no se puede modificar de una manera significativa mediante intervenciones sociales”, con lo que se deduce que hay que reducir el número de personas poco inteligentes. (Gardner, 2004).

Un año después que The Bell Curve, apareció el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, el cual contenía una crítica hacia la tradición psicométrica y postulaba que el mundo había ignorado en gran medida un conjunto de aptitudes y capacidades relacionadas con las personas y las emociones. Además, describía cómo identificar y reforzar estas capacidades.

Papalia y Wendkos definen inteligencia como la “Constante interacción activa entre las capacidades heredadas y las experiencias ambientales, cuyo resultado capacita al individuo para adquirir, recordar y utilizar conocimientos, entender tanto conceptos concretos como abstractos, comprender las relaciones entre los objetos, los hechos y las ideas y aplicar y utilizar todo ello con el propósito concreto de resolver los problemas de la vida cotidiana” (Santrock, 2001).

Enfoques acerca de la inteligencia
La inteligencia ha sido estudiada desde tres enfoques distintos: enfoque psicométrico, del desarrollo, y del procesamiento humano de información. El objetivo del primero es básicamente realizar mediciones y establecer diferencias entre distintos grupos de personas, mediante el uso de test de CI. El segundo enfoque es más cualitativo y el tercero está centrado en el estudio de los procesos y estrategias de la conducta inteligente. (Santrock, 2001).

Enfoque psicométrico
Dentro de los principales exponentes están Charles Sperman (Teoría de los dos factores), Leon Thurstone (Factores determinantes de la capacidad inteligente), Guilford (Modelo tridimensional de la inteligencia), Catel y Horn (Inteligencia fluida y cristalizada).

Enfoque del desarrollo de Jean Piaget
La teoría del desarrollo de Jean Piaget es la más representativa entre todas las de enfoque del desarrollo cognitivo. Piaget considera que la inteligencia es la capacidad que tiene el ser humano para adaptarse a través de una serie de períodos de maduración que se debe seguir hasta alcanzar la madurez intelectual:

  • Inteligencia sensorio – motriz (El niño pasa de un comportamiento reflejo a uno orientado hacia una meta)
  • Inteligencia pre – operacional (El infante puede usar símbolos pero todavía no puede emplear la lógica)
  • Inteligencia (Uso de la lógica en operaciones concretas)
  • Inteligencia de las operaciones formales (Manejo de abstracciones, desarrollo de hipótesis y deducciones)

Teoría de Lev Vygotsky
La teoría de Vygotsky del desarrollo cognitivo no es sólo como producto genético sino también y esencialmente social, considera que los procesos psicológicos superiores tienen su origen en procesos sociales que más tarde se interiorizan o reconstruyen internamente y que los procesos mentales se entienden a través de la comprensión de instrumentos y signos que actúan como mediadores.

Jerome Bruner
La teoría de Bruner postula un principio de organización biológica. En concordancia con los otros autores, en esta teoría el desarrollo cognitivo se da por influencia de factores externos (ambientales) e internos (individuales). La inteligencia se constituye en gran medida en la interiorización de instrumentos culturales y el principal interés de Bruner está en el lenguaje como instrumento cultural y cognitivo por excelencia, pues es el medio para representar las experiencias y transformarlas. Bruner afirma que las personas usan "técnicas o destrezas" transmitidas culturalmente para representarse y asimilar el mundo, construyendo sus "modelos de la realidad" escalonadamente.

Teoría de David Ausubel
Teoría para el aprendizaje significativo no exclusiva de la cognición, que pretende explicar cómo aprende el ser humano. Esta teoría tiene un enfoque estructural cuyo núcleo reside en la comprensión del ensamblaje del material novedoso con los contenidos conceptuales de la estructura cognitiva del sujeto.

FALA